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Nosotros también esperábamos, y se comprende por qué, que no hubiesen tenido lugar. Pero a partir de ahora hay que abandonar toda esperanza. Las elecciones se harán. ¿Qué hará el partido comunista?

Poniendo a un lado todas las modalidades que los órganos competentes puedan establecer, convendría, según ciertos compañeros, plantear esta cuestión: ¿El PC debe, o no debe participar en las elecciones? A mi entender, este problema no tiene razón de ser. Por razones bien claras de disciplina táctica internacional, el PC debe participar y participará en las elecciones.

No quiero decir que el problema de la táctica electoral haya sido resuelto definitivamente en el seno de la Internacional Comunista por las decisiones de su segundo Congreso. Creo incluso que nosotros, los abstencionistas hemos aumentado en muchos partidos comunistas occidentales. Y no está excluido que la cuestión vuelva de nuevo al orden del día del próximo 3er Congreso. Si se produjese esto, defendería de nuevo las tesis que presenté en el Congreso del año último: para desarrollar mejor la propaganda comunista y la preparación revolucionaria en los países «democráticos» occidentales, los comunistas, en este período de crisis revolucionaria universal, deberían no participar en las elecciones. Pero en tanto que están en vigor las tesis opuestas de Bujarin y Lenin, para la participación en las elecciones y en los parlamentos con directrices y finalidades antidemocráticas y antisocialdemócratas, es necesario participar sin discutir y procurar atenerse a estas reglas tácticas. El resultado de esta acción suministrará nuevos elementos para juzgar si nosotros los abstencionistas, estábamos equivocados o teníamos razón.

Ciertos compañeros abstencionistas - y aún algunos electoralistas - dicen: ¿Pero no se puede encontrar en las tesis de Moscú un pretexto que permita la abstención sin caer en la indisciplina? Ante todo, respondo a esto que el abstencionismo que nosotros intentamos hacer pasar por la puerta no debe entrar por la ventana, por medio de pretextos y subterfugios. Además, todas las circunstancias de esta campaña electoral tienden a hacer más claros el espíritu y la letra de las tesis de Moscú en favor de la participación.

Que los compañeros relean todos los argumentos de Lenin y de Bujarin y verán que corresponden mejor a momentos de reacción y de opresión de la libertad de movimiento del partido. Que relean los argumentos que he presentado y verán que se refieren sobre todo a situaciones de «democracia» y de libertad, lo que no quiere decir que yo juzgue estos argumentos como superados en las circunstancias actuales. Cuando Lenin decía «Nosotros hemos participado en la Duma más reaccionaria» le respondí que el verdadero peligro se encuentra en los parlamentos más liberales. Lenin está convencido de que un partido verdaderamente comunista puede y debe participar en el Parlamento, pero admite, como yo, que en las condiciones de 1919 y con un partido no comunista, la participación tiene un carácter contrarrevolucionario.

Las dos tesis consideran el caso en que los partidos comunistas deberían boicotear el parlamento y las elecciones y se refieren a las situaciones «que permitan el paso inmediato a la lucha armada por la conquista del poder». Yo desearía que fuese así, pero este no es el caso hoy; no está excluido que la situación cambie mañana completamente; entonces no necesitaríamos mucho esfuerzo para hacer desaparecer junto a la barraca parlamentaría, los comités electorales que nuestro partido hubiese constituido.

Si hubiese aceptado las sugerencias de ciertos compañeros de Moscú, quizás hubiese podido obtener una «ampliación» de estas excepciones, quizás se las podría aplicar hoy, aunque nosotros nos encontremos, repito, en las condiciones especificas previstas por Lenin para una participación útil. Pero he preferido, por el contrario, presentar conclusiones netamente divergentes. Esto ha tenido la ventaja de darnos directrices claras y sólidas y desembarazarnos de la fastidiosa argumentación a lo Serrati sobre las «condiciones especiales». La centralización esta en la base de nuestro método teórico y práctico: en tanto que marxista, soy primero centralista y después abstencionista.

Se ha procedido de un modo diferente para otras tesis. Se remendaron algunos puntos para satisfacer pequeñas oposiciones (más grandes, no obstante, que nuestro grupo de abstencionistas a toda costa). la conclusión en la aplicación de estas tesis que han abandonado un poco esta directriz teórica, es que no las consideran favorables para la eficacia y la seguridad de la acción revolucionaria.

Los abstencionistas fuimos los únicos que contrapusimos a las tesis propuestas por hombres cuya autoridad era y sigue siendo, justamente formidable, precisas conclusiones inversas. (Mientras que muchos críticos de última hora, que no supieron oponer nada a las conclusiones contra las que se han revelado después, guardaron silencio). Nosotros, abstencionistas, debemos igualmente dar el ejemplo de la disciplina, sin trapichear, sin tergiversar.

El Partido comunista no tiene, pues, ninguna razón de discutir para saber si debe participar en las elecciones. Debe participar. ¿Con qué modalidades? Esto será decidido a su debido tiempo. ¿Con qué objetivo? Es lo que dicen las tesis de Moscú, resumidas en estas pocas palabras: Romper el prejuicio parlamentario y aceptar, por consiguiente, si en lugar de los votos se quieren contar las palizas y cosas peores. Romper el prejuicio socialista y volver con inflexible intransigencia nuestras baterías contra el partido socialdemócrata.

Los abstencionistas están en su puesto.

Source: «Il Comunista», n.20, 10-4-1921, «L'Ordine Nuovo», n.104, 14-4-1921, «Il Soviet», n.7, 17-4-1921

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