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LA «INVARIANCIA» HISTÓRICA DEL MARXISMO
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La «invariancia» histórica del marxismo
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La «invariancia» histórica del marxismo
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1 - Se emplea la expresión «marxismo» no en el sentido de una doctrina descubierta e introducida por el individuo Karl Marx, sino para referirse a la doctrina que surge con el proletariado industrial moderno y que lo «acompaña» en todo el curso de una revolución social; y conservamos el término «marxismo» pese al vasto campo de especulación y de explotación del mismo por parte de una serie de movimientos antirrevolucionarios.

2 - El marxismo, en su única acepción válida, cuenta hoy con tres grupos principales de adversarios. Primer grupo: los burgueses que sostienen cómo definitivo el tipo capitalista mercantil de economía y como ilusoria su superación histórica con el modo socialista de producción, y que con coherencia rechazan integralmente la doctrina del determinismo económico y de la lucha de clases. Segundo grupo: los llamados comunistas stalinistas, que declaran aceptar la doctrina histórica y económica marxista, pero que plantean y defienden, incluso en los países capitalistas desarrollados, reivindicaciones no revolucionarias, idénticas, si no peores, a las políticas (democracia) y económicas (progresismo popular) de los reformistas tradicionales. Tercer grupo: los partidarios declarados de la doctrina y del método revolucionario que, sin embargo, atribuyen su actual abandono por parte de la mayoría del proletariado a defectos y lagunas iniciales en la teoría que, por consiguiente, debería ser rectificada y actualizada.

Negadores - falsificadores - actualizadores. Nosotros combatimos a los tres y consideramos que hoy los últimos son los peores.

3 - La historia de la izquierda marxista, la del marxismo radical, más exactamente, la del marxismo, consiste en las sucesivas resistencias a todas las «oleadas» del revisionismo que han atacado diferentes puntos de la doctrina y del método, a partir de su formación orgánica y monolítica que se puede hacer coincidir con el «Manifiesto» de 1848. En otros textos hemos recordado la historia de esas luchas en las tres Internacionales históricas contra utopistas, obreristas, libertarios, social demócratas reformistas y gradualistas, sindicalistas de izquierda y de derecha, social patriotas, y hoy nacional comunistas o comunistas populares. Esta lucha ha cubierto el campo de cuatro generaciones y en sus diferentes fases, no pertenece a una serie de nombres, sino a una escuela bien definida y compacta, y, en el sentido histórico, a un partido bien definido.

4 - Esta difícil y larga lucha perdería su nexo con la futura reanudación de la revolución si, en lugar de extraer de ella la lección de la «invariancia», se aceptase la idea banal de que el marxismo es una teoría en «continua elaboración histórica» que se modifica con el curso y las enseñanzas de los acontecimientos. Esta es, invariablemente, la justificación de todas las traiciones cuyas experiencias se han acumulado, así como la de todas las derrotas revolucionarias.

5 - La negación materialista de que un «sistema» teórico surgido en un momento dado (y, peor aún, surgido en la mente y ordenado en la obra de un hombre determinado, pensador o jefe histórico, o las dos cosas al mismo tiempo) pueda contener irrevocablemente todo el curso del futuro histórico, sus reglas y principios, no debe comprenderse en el sentido de que no existan sistemas de principios estables para un larguisimo curso histórico. Por el contrario, su estabilidad y resistencia a ser mellados, y hasta a ser «mejorados», es un elemento de fuerza primordial de la «clase social» a la cual pertenecen y cuya tarea histórica e intereses reflejan. La sucesión de tales sistemas y cuerpos de doctrina y de praxis no está ligada al advenimiento de hombres que marcan las etapas, sino a la sucesión de los «modos de producción», es decir, de los tipos de organización material de la vida de las colectividades humanas.

6 - A pesar de haber reconocido obviamente como erróneo el contenido formal de los cuerpos de doctrina de todos los grandes cursos históricos, el materialismo dialéctico no niega con esto que hayan sido necesarios en su época, y mucho menos se imagina que el error hubiera podido ser evitado con mejores pensamientos de sabios o legisladores, y que se hubiera podido advertir antes sus errores y hacer las rectificaciones. Todo sistema posee su explicación y su razón de ser en su ciclo, y los más significativos son aquellos que con mayor organicidad se han mantenido inalterados a través de largas luchas.

7 - Según el marxismo, no existe un progreso continuo y gradual en la historia en cuanto (ante todo) a la organización de los recursos productivos, sino una serie de saltos hacia adelante distantes y sucesivos que revolucionan profundamente y de raíz todo el aparato económico y social. Son verdaderos cataclismos, catástrofes, rápidas crisis en las que todo cambia en un breve lapso de tiempo, mientras que había permanecido sin cambio durante un larguisimo periodo; son crisis como las del mundo físico, de las estrellas del cosmos, de la geología y de la filo génesis misma de los organismos vivientes.

8 - Al ser la ideología de clase una superestructura de los modos de producción, tampoco ella se forma por el afluir cotidiano de granos de saber; ella aparece en el desgarrón de un choque violento y guía a la clase que representa, en forma substancialmente monolítica y estable, por una larga serie de luchas y conatos, hasta la fase crítica siguiente, hasta la revolución histórica siguiente.

9 - Las doctrinas del capitalismo, precisamente, al justificar las revoluciones sociales del pasado hasta la revolución burguesa, afirmaban que, en adelante, la historia avanzaría por una vía de gradual elevación y sin otras catástrofes sociales, dado que los sistemas ideológicos, evolucionando paulatinamente, absorberían el flujo de nuevas conquistas del saber puro y aplicado. El marxismo demostró la falacia de tal visión del futuro.

10 - El marxismo mismo no puede ser una doctrina que se va plasmando y replasmando cada día con nuevos aportes y con la sustitución de pedazos (¡mejor dicho, de remiendos y parches!) porque es aún, a pesar de ser la última, una de las doctrinas que son un arma de una clase dominada y explotada que debe revolucionar las relaciones sociales, y que, al hacerlo, es de mil maneras el objeto de las influencias conservadoras de las formas e ideologías tradicionales propias de las clases enemigas.

11 - Aun pudiendo desde hoy - o, más bien, desde que el proletariado ha aparecido en la gran escena histórica - entrever la historia de la sociedad futura ya sin clases y, por tanto, ya sin revoluciones, debe afirmarse que, durante el larguisimo periodo que conducirá a ella, la clase revolucionaria podrá cumplir su tarea sólo si actúa en todo el transcurso de la tremenda lucha usando una doctrina y un método que permanezcan estables. Y estén estabilizados en un programa monolítico, por más que sea variabílisimo el número de sus partidarios y el resultado de las fases y de los choques sociales.

12 - Por consiguiente, a pesar de que la dotación ideológica de la clase obrera revolucionaria ya no es revelación, mito o idealismo como para las clases precedentes, sino «ciencia» positiva, ella tiene necesidad, sin embargo, de una formulación estable de sus principios, e incluso de sus reglas de acción, que cumpla el papel y tenga la eficacia decisiva que en el pasado han tenido dogmas, catecismos, tablas, constituciones y libros-guias como los Vedas, el Talmud, la Biblia, el Corán o las declaraciones de los Derechos. Los profundos errores sustanciales y formales contenidos en aquellas compilaciones no les han quitado su enorme fuerza organizadora y social (primero revolucionaria, después contrarrevolucionaria, en dialéctica sucesión); es más, en muchos casos, esos «descarríos» han contribuido precisamente a formar esa fuerza.

13 - Precisamente, dado que el marxismo niega todo sentido a la búsqueda de la «verdad absoluta» y no ve en la doctrina un dato del espíritu eterno y de la razón abstracta, sino un «instrumento» de trabajo y un «arma» de combate, postula que en la plenitud del esfuerzo y en el apogeo de la batalla no se abandona, para «repararlos», ni el instrumento ni el arma, sino que se vence en tiempos de paz y de guerra blandiendo desde el inicio utensilios y armas buenas.

14. - Una nueva doctrina no puede aparecer en cualquier momento histórico, sino que existen determinadas épocas de la historia, bien características - e incluso rarísimas -, en las que puede aparecer como un haz de luz enceguecedora; si no se ha reconocido el momento crucial y clavado la vista en la terrible luz es vano recurrir a los cabos de vela con los que se abre la vía el pedante académico o el luchador con escasa fe.

15. - Para la clase proletaria moderna que se formó en los primeros países de gran desarrollo industrial capitalista, las tinieblas se desgarraron poco antes de la mitad del siglo pasado. La doctrina integral en la que creemos, en la que debemos y queremos creer, tuvo entonces todos los datos para formarse y describir un curso de siglos (que deberá verificarla y remacharía después de luchas inmensas). O esta posición resultará válida o la doctrina será convicta de falsedad, pero entonces la declaración de la aparición de una nueva clase con un carácter, un programa y una función revolucionaria propios en la historia habrá sido una afirmación vacía. Por consiguiente, quien se pone a sustituir partes, tesis o artículos esenciales del «corpus» marxista que poseemos desde hace cerca de un siglo destruye su fuerza de un modo peor que aquel que lo reniega completamente y que proclama su aborto.

16 - Al periodo «explosivo», en el cual la novedad misma de la nueva reivindicación la vuelve clara y le da límites tajantes, le sigue un periodo cuya particularidad puede ser y es, de tal estabilidad en virtud del carácter crónico tomado por las situaciones, que no se obtiene un mejoramiento y un reforzamiento, sino una involución y degeneración de la llamada «conciencia» de la clase. Toda la historia del marxismo prueba que los momentos en que la lucha de clases recrudece son aquellos en los cuales la teoría retorna con afirmaciones memorables a sus origines y a su primera expresión integral: basta con recordar la Comuna de París, la revolución bolchevique y la primera posguerra mundial en Occidente.

17 - El principio de la invariancia histórica de las doctrinas que reflejan la tarea de las clases protagonistas, e incluso el de los potentes retornos a las tablas originales, se aplica a todos los grandes cursos históricos. Dicho principio se opone a la suposición comadrera de que cada generación y cada estación de la moda intelectual es más potente que la precedente, al necio cliché del avance continuo e incesante del progreso civil, y a otros prejuicios burgueses similares de los que pocos de los que se endosan el adjetivo de marxistas están verdaderamente exentos.

18 - Todos los mitos expresan esto, y sobre todo los mitos de los semidioses-semihombres, o de los sabios que tuvieron una entrevista con el Ser Supremo. Es insensato reírse de tales representaciones; sólo el marxismo ha permitido encontrar sus infraestructuras reales y materiales. Rama, Moisés, Cristo, Mahoma, todos los profetas y héroes que abren siglos de historia de los diversos pueblos, son expresiones diferentes de este hecho real que corresponde a un salto enorme en el «modo de producción». En el mito pagano, la sabiduría, es decir, Minerva, no sale del cerebro de Júpiter en virtud del dictado de volúmenes enteros a endebles escribas, sino merced al martillazo del dios-obrero Vulcano, llamado para calmar una irrefrenable jaqueca. En el otro extremo de la historia, y frente a la doctrina iluminista de la nueva Diosa Razón, Graco Babeuf se levantará como un gigante, tosco en su presentación teórica, para decir que la fuerza física material hace avanzar más que la razón y el saber.

19 - Tampoco faltan los ejemplos de los restauradores frente a las degeneraciones revisionistas, como lo es Francisco de Asís respecto a Cristo cuando el cristianismo surgido para la redención social de los humildes se acomoda entre las cortes de los señores medievales; como lo habían sido los Graco respecto a Bruto; y como tantas veces lo debieron ser los precursores de una clase por venir respecto a los revolucionarios que reniegan de la fase heroica de las clases precedentes: luchas en Francia de 1831, 1848, 1849 y otras fases innumerables en toda Europa.

20 - Nosotros sostenemos que todos los grandes acontecimientos recientes son otras tantas confirmaciones categóricas e integrales de la teoría y de la previsión marxistas. Nos referimos sobre todo a los puntos que han provocado, una vez más, las grandes deserciones del terreno de clase y que han confundido incluso a aquellos que juzgan las posiciones stalinistas como completamente oportunistas. Estos puntos son el advenimiento de formas capitalistas centralizadas y totalitarias (tanto en el campo económico como en el campo político), la economía dirigida, el capitalismo de Estado, las dictaduras burguesas abiertas; y, por otra parte, el proceso del desarrollo ruso y asiático desde el punto de vista social y político. Vemos, pues, tanto la confirmación de nuestra doctrina como la de su nacimiento en forma monolítica en una época crucial.

21 - Quien lograse oponer a la teoría marxista los acontecimientos históricos de este volcánico periodo probaría que es errónea, que ha fracasado completamente, y, con ella, toda tentativa de deducir de las relaciones económicas las líneas directrices del curso histórico. Al mismo tiempo, lograría probar que, en cualquier fase, los acontecimientos constriñen a establecer nuevas deducciones, explicaciones y teorías, y a aceptar, por consiguiente, la posibilidad de proponer nuevos y diferentes medios de acción.

22 - Una salida ilusoria para las dificultades del momento es la de admitir que la teoría de base debe permanecer mutable y que precisamente hoy sea el momento de lanzar nuevos capítulos de la misma, de modo que, como resultado de tal acto del pensamiento, la situación desfavorable se invierta. Además, es una aberración que dicha tarea sea asumida por grupitos con efectivos irrisorios y, peor aún, resuelta con una libre discusión que parodie a escala liliputiense el parlamentarismo burgués y el famoso choque de las opiniones individuales, lo cual no es un novísimo recurso sino una vieja tontería.

23 - Este es un momento de depresión máxima de la curva del potencial revolucionario; por tanto, está alejado décadas enteras de los momentos aptos para el parto de teorías históricas originales. En este momento, que está privado de perspectivas próximas de una gran conmoción social, no solo es un dato lógico de la situación la disgregación política de la clase proletaria mundial, sino que es lógico que sean pequeños grupos los que sepan mantener el hilo histórico conductor del gran curso revolucionario, tendido como un gran arco entre dos revoluciones sociales, con la condición de que tales grupos demuestren no querer difundir nada original y permanezcan estrechamente adheridos a las formulaciones tradicionales del marxismo.

24 - La crítica, la duda y la puesta en tela de juicio de todas las viejas concepciones bien consolidadas fueron elementos vigorosos de la gran revolución burguesa moderna que embistió con gigantescas oleadas a las ciencias naturales, al orden social y a los poderes políticos y militares, para avanzar después y asomarse con un impulso iconoclasta mucho menor a las ciencias de la sociedad humana y del curso histórico. Precisamente, esto fue el resultado de una época de profunda conmoción que se encontraba a horcajadas entre el medioevo feudal y agrario y la sociedad moderna industrial y capitalista. La crítica fue el efecto y no el motor de la inmensa y compleja lucha.

25 - La duda y el control de la conciencia individual son una expresión de la reforma burguesa contra la compacta tradición y la autoridad de la Iglesia cristiana, y se tradujeron en el puritanismo más hipócrita que, con la bandera de la conformidad burguesa a la moral religiosa o al derecho individual, promovió y protegió el nuevo dominio de clase y la nueva forma de sujeción de las masas. Opuesta es la vía de la revolución proletaria, en la cual la conciencia individual no es nada y la dirección unitaria de la acción colectiva es todo.

26 - Cuando Marx dijo en las famosas tesis sobre Feuerbach que los filósofos habían interpretado suficientemente el mundo y que ahora se trataba de transformarlo, no quiso decir que la voluntad de transformar condiciona el hecho de la transformación, sino que primero viene la transformación determinada por el choque de fuerzas colectivas, y sólo después la conciencia crítica de ella en los sujetos individuales. Estos no actúan en virtud de una decisión madurada por cada uno, sino de influencias que preceden a la ciencia y a la conciencia.

El paso del arma de la crítica a la crítica con las armas desplaza precisamente el todo del sujeto pensante a la masa militante, de manera que sean armas no solo los fusiles y los cañones, sino sobre todo aquel instrumento real que es la doctrina común del partido, uniforme, monolítica y constante, a la cual todos estamos subordinados y ligados, acabando con el discutir comadrero y sabelotodo.

Source: «El Programa Comunista», N° 33, (Reunión de Milán, 7 de setiembre de 1952)

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